Toda una vida. Treinta y cinco años alejados de Primera División. Desde aquel lejano 1976, el Granada no había hecho más que acumular desgracias hasta el punto de verse sumido en Tercera, a las puertas de la desaparición definitiva. En Tercera, cuando el Loja, el Maracena, el Arenas de Armilla o el Comarca de Níjar visitaban Los Cármenes solo 1.500 personas creyeron en defender sus colores a pesar de los millones de euros de deuda y de la desilusión de una ciudad que futbolísticamente tenía que elegir entre Madrid o Barcelona. Ahora la familia ha crecido y el estadio se queda pequeño. Ahora hay más de 25.000 personas en la Fuente de las Batallas. Ahora Madrid y Barcelona tendrán que volver a Los Cármenes y recordar que venir a Granada es como venir a la guerra. Ahora, hoy, en este preciso momento, GRANADA VUELVE A TENER A SU EQUIPO EN PRIMERA DIVISIÓN.
En Elche la afición sufrió como nunca. O como siempre, según se mire. Cuando Ighalo consiguió perforar la portería de Jaime en la primera parte el camino parecía más sencillo de lo que realmente era. El Elche tuvo tiempo de empatar el partido en el 80 y acelerar los latidos de miles de corazones rojiblancos que a cientos de kilómetros de la ciudad ilicitana no podían dejar de mirar el crónometro del partido, que parecía estancarse por momentos. En el Martínez Valero de Elche, los 3.000 granadinistas desplazados no pararon de cantar y de alentar a sus jugadores como si la vuelta también se jugara en el Nuevo Los Cármenes, pero los diez últimos minutos fue la afición del Elche la que empujó a más no poder. Había mucho miedo y angustia en todos y cada uno de los rojiblancos que no tuvieron miedo de ponerse su camiseta rojiblanca y echarse su bufanda del Graná al cuello para defender a muerte a su equipo en un ambiente muy hostil. Había mucho cansancio en las piernas de todos y cada uno de los jugadores que hicieron realidad el sueño de miles y miles de almas rojiblancas repartidas por todos los lugares del planeta.
Cuando Miranda Torres pitó el final del partido fue díficil contener tanta alegría. Los abrazos y las lágrimas de felicidad desgraciadamente se tuvieron que mezclar con insultos y agresiones por parte de algunos radicales que usan el fútbol como excusa para ejercer la violencia. Hubo muchos gestos censurables y dignos de desprecio, pero la ciudad de Elche no merece ser representada por esos delincuentes vestidos con la elástica del club ilicitano. Cuando el estadio se quedó semivacío y sólo aguantaban en su sitio los 3.000 granadinos que no dejaban de cantar, los héroes saltaron al terreno de juego y celebraron el ascenso a Primera con su público, con esa afición que los ha llevado en volandas en todos los partidos de casa y los ha apoyado a pesar de los díficiles momentos vividos sobre todo por la irregular trayectoria del equipo lejos de Los Cármenes. Esa afición que se ha desvivido por su equipo y que es la envidia de muchas ciudades de España. Estamos hablando de esa afición que aún no se lo cree pero que ahora sí que sí es de Primera División.
Pina y Fabri, dos milagros en dos años
Ha habido muchísimos nombres propios que a lo largo de los últimos meses han conseguido hacer disfrutar como nunca a la grada rojiblanca. Geijo por sus goles, Dani Benítez por sus carreras o Roberto por sus paradas. Pero sin lugar a dudas hay dos nombres propios que brillan más que el resto: Quique Pina y Fabriciano González “Fabri”. Dos ascensos en dos años es un logro al alcance de muy pocos pero la repercusión que ha tenido el buenhacer de Pina y Fabri en la ciudad granadina no podrá borrarse nunca de la memoria de miles de aficionados que de generación en generación irán contando a sus hijos y después a sus nietos y así sucesivamente que un presidente murciano y un entrenador gallego con el que muchos aficionados no se sentían identificados en sus planteamientos, consiguieron convertir a un equipo en ruinas en un equipo de Primera. La leyenda comienza hoy. Pina y Fabri han conseguido su sueño, que era también el de miles de almas granadinas que hoy lloran de felicidad junto a su escudo rojiblanco, ese que representa a la ciudad más maravillosa del mundo, ese que es inconfundible porque pertenece al “Graná”, un club que por fin ha vuelto a Primera después de más de tres decadas en el infierno, un club que ha demostrado que es inmortal.


Antonio es un placer vivir esto,gracias a Camilo a Nacho,onda paraíso y a ti,somos de primera